Santos Apóstoles · Kindle

Libro VI · Capítulo 14

Las confesiones · San Agustín de Hipona

Tramo 1 de 1

Letra pequeñaMedianaGrande

1. Habíamos discutido con frecuencia en un grupo de amigos sobre lo molesta y detestable que era aquella vida turbulenta y revolvíamos en el ánimo el proyecto de alejarnos de la multitud para llevar en la soledad una vida tranquila y fecunda. Habíamos pensado contribuir con lo que cada uno tuviera para formar con lo de todos un patrimonio común, de modo que por nuestra sincera amistad no hubiera entre nosotros tuyo y mío, sino que todo fuera de todos y de cada uno. Hasta diez personas podíamos asociarnos en esta compañía y entre nosotros los había que eran bien ricos; especialmente Romaniano, paisano mío y amigo desde la infancia, que por asunto de sus negocios había venido a la corte. Él era el más entusiasta y su insistencia tenía grande autoridad precisamente porque su fortuna superaba la de los otros.

2. También teníamos planeado que dos de entre nosotros se turnaran cada año, como lo hacen los magistrados, en el cuidado de lo necesario al bien común, para que los otros pudieran estar quietos y descuidados. Pero en un momento dado nos tuvimos que preguntar si tal proyecto nos lo iban a permitir las mujeres; pues algunos ya tenían la suya y yo esperaba tener la mía. Entonces todo el proyecto se nos deshizo entre las manos, se vino por tierra y fue desechado. Y con esto volvimos al gemido y al suspiro. Volvieron nuestros pasos a transitar los trillados caminos del mundo. En nuestros corazones iban y venían los pensamientos, al paso que tu consejo permanece eternamente (Sal 32, 11). En tu consejo te reías de lo nuestro y preparabas lo tuyo, pues nos ibas a dar el alimento en el tiempo oportuno, abriendo tu mano para llenar nuestras almas de bendición.

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