Santos Apóstoles · Kindle

Libro VIII · Capítulo 1

Las confesiones · San Agustín de Hipona

Tramo 3 de 4

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2. Porque yo veía la iglesia llena de fieles, y que unos iban por un camino y otros iban por otro; pero a mí me desagradaba el método y ocupación que yo seguía en el siglo, y era para mí una carga insoportable, después que cesaron de inflamarse, como solían, mis deseos, con la esperanza de adquirir honra y dinero, para tolerar aquella sujeción y servidumbre tan gravosa. Ya no me deleitaba cosa alguna de ésas en comparación de vuestra dulzura y suavidad, y de la hermosura de vuestra casa, que amaba más que todo esto; pero aún me sentía atado fuertemente con el amor a la mujer; ni el Apóstol me prohibía el casarme, aunque me exhortaba a lo mejor y más perfecto, queriendo principalmente y deseando que todos los hombres fuesen libres como él lo era. Pero yo, como más flaco, escogía lo más blando y suave; y lo que hacía que me portase en todo lo demás con languidez y me consumiese con molestos cuidados era solamente el considerar que la vida conyugal, a la que yo estaba tan inclinado y rendido, tenía anejas muchas cosas que no quería padecerlas ni sufrirlas. Bien sabía yo que la Verdad misma había dicho por su boca: que hay hombres que a sí mismos se han hecho eunucos para conseguir el reino de los cielos; pero añadió también que esto lo ejecute el que tuviere fuerzas para ejecutarlo.

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