Libro VIII · Capítulo 1
Las confesiones · San Agustín de Hipona
Tramo 2 de 4
Vos, Señor, me inspirasteis entonces el pensamiento (que a mí me pareció bueno y oportuno) de ir a verme con Simpliciano, que le tenía por el fiel siervo vuestro, y resplandecía en él vuestra divina gracia. También había oído decir que desde su juventud estaba dedicado y consagrado a Vos, y siendo entonces ya anciano, me parecía que en una edad tan larga, que había empleado en tan buenos ejercicios de vuestra ley, estaría muy práctico, experto y muy instruido en ella; y verdaderamente era así como yo lo pensaba.
Por eso quería yo que me dirigiese y después de comunicarle mis deseos, me manifestase qué modo de vida sería el más a propósito a quien se hallaba en la disposición que yo tenía para seguir vuestra ley, observando aquel método que él me señalase.
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