Libro VIII · Capítulo 6
Las confesiones · San Agustín de Hipona
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que tenía proporcionado para la obra, y consistía en dejar todas las cosas del mundo y seguiros a Vos.
Mientras tanto Ponticiano y su compañero, que se paseaban por otras partes de la huerta, después de haberlos andado buscando algún tiempo, llegaron a aquella misma cabaña; y habiéndolos hallado, les dijeron que ya era hora de volverse, porque se iba acabando la tarde. Pero ellos, después de referirles la determinación y propósito que tenían y el modo con que había comenzado aquella voluntad, que había llegado a ser firme resolución, les suplicaron, que si no querían quedarse a acompañarlos, no les molestasen tratando de disuadirlos. Mas estotros, no moviéndose con nada de esto a mudar su método antiguo, se lloraron a sí mismos por verse tan poco fervorosos, como Ponticiano refería; y después de darles piadosas enhorabuenas por su determinación y encomendarse a sus oraciones, llevando el corazón inclinado a lo terreno, se volvieron a palacio, quedándose los otros dos en la cabaña con sus corazones fijados en el cielo.
Y es de notar que estos dos estaban ya desposados; y luego que sus esposas supieron aquella determinación de los que habían de ser sus maridos, imitaron su ejemplo y consagraron a Vos, Dios mío, su virginidad.
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