Libro VIII · Capítulo 9
Las confesiones · San Agustín de Hipona
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21. ¿De dónde nace este monstruoso desorden?, o ¿qué causa y razón puede haber para esto? Resplandezca sobre mí, Señor, vuestra misericordia, comunicándome algún rayo de luz con que se disminuyan las tinieblas oscurísimas de la ignorancia, que es una de las penas y miserias de los hijos de Adán, a ver si pueden responderme a lo que he preguntado.
¿De dónde nace este monstruoso desorden?, ¿y cuál es la causa o principio de que suceda una cosa tan extraña? Manda el alma al cuerpo, y al instante es obedecida; se manda el alma a sí misma, y halla resistencia. Manda el alma que la mano se mueva, y con tanta facilidad es obedecida, que apenas se puede notar la diferencia que hay entre el mandamiento de la una y la ejecución de la otra, siendo así que el alma que manda es espíritu y la mano que obedece es cuerpo. Manda el alma a sí misma que quiera alguna cosa y, no obstante que no hay distinción entre quien lo manda y quien lo ha de ejecutar y obedecer, no se hace ni ejecuta lo que ella manda.
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