Libro VIII · Capítulo 10
Las confesiones · San Agustín de Hipona
Tramo 4 de 5
24. Pues no tienen ya que decirnos, cuando experimentan en un mismo hombre dos voluntades opuestas una a otra, que hay en él dos almas contrarias entre sí, la una buena y la otra mala; y que como dimanadas aquéllas de dos sustancias y principios contrarios, están luchando una con otra. Porque Vos, Dios mío, que sois la suma verdad, los reprobáis, rebatís y convencéis con el ejemplo de dos voluntades opuestas, que una y otra sean malas, como cuando uno está dudando si dará la muerte a otro con un veneno o con un puñal; si entrará a destruir esta heredad ajena o la otra de más allá, suponiendo que no puede destruir ambas; si gastará el dinero en lujuria o si lo guardará con avaricia; si irá al circo o si irá al teatro cuando ambas fiestas se dan en un mismo día al pueblo. Añado que se le proponga a su voluntad otro tercer objeto, que le haga dudar si irá a la casa ajena a cometer un hurto, teniendo ocasión oportuna para ello; añádase también otra cuarta voluntad que puede tener el hombre dudando si irá a cometer un adulterio, suponiendo que tiene posibilidades para todas estas cosas, que concurran todas al mismo tiempo, y que él las desee todas igualmente, sin que todas a un mismo tiempo puedan ejecutarse. Ve aquí cuatro voluntades incompatibles entre sí y contrarias unas de otras, que dividen o despedazan el alma en otras tantas partes, o también en muchas más, según el número y multitud de cosas que se apetezcan al mismo tiempo; y con todo eso no suelen admitir ellos en un mismo hombre tan grande multitud de sustancias diversas o naturalezas distintas.
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