Libro VIII · Capítulo 10
Las confesiones · San Agustín de Hipona
Tramo 3 de 5
Mas ¿qué dirán si ponemos el ejemplo en un católico que estuviese perplejo, porque sentía en sí dos voluntades que altercaban una con otra, haciéndole dudar si iría al teatro o si iría a nuestra iglesia? ¿No se hallarían también ellos perplejos, dudando lo que habían de responder? Porque o habían de verse precisados a confesar lo que ellos no quieren, esto es, que es buena la voluntad de ir a nuestra iglesia, como van los que profesan nuestra religión y han recibido sus Sacramentos, o que en un solo hombre hay dos naturalezas malas y dos malas voluntades que pelean entre sí; por tanto, no será verdad lo que continuamente están ellos diciendo, esto es, que no hay más que dos naturalezas, la una buena y la otra mala; o tendrán que rendirse a la fuerza del argumento, confesando que cuando el hombre se halla en ese estado de dudas, una sola alma es la que se ve combatida de dos voluntades contrarias.
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