Santos Apóstoles · Kindle

Libro VIII · Capítulo 11

Las confesiones · San Agustín de Hipona

Tramo 2 de 4

Letra pequeñaMedianaGrande

26. Las cosas más frívolas y de menor importancia, que solamente son vanidad de vanidades, esto es, mis amistades antiguas, ésas eran las que me detenían, y como tirándome de la ropa parece me decían en voz baja: pues qué, ¿nos dejas y nos abandonas? ¿Desde este mismo instante no hemos de estar contigo jamás? ¿Desde este punto nunca te será permitido esto ni aquello? Pero ¡qué cosas eran las que me sugerían, y que yo explico solamente con las palabras ‘esto y aquello’!, ¡qué cosas me sugerían, Dios mío! Apartad, Señor, por vuestra misericordia, del alma de este vuestro siervo y de mi memoria aun la idea de las suciedades e indecencias que me sugerían. Pero ya las oía tan escasamente, que era mucho menos de la mitad respecto de antes; ni me contradecían como antes cara a cara, sino como murmurando a espaldas mías, siguiendo mis pisadas y como llamándome y tirándome por detrás para que volviese a mirarlas. No obstante, entretenían y retardaban mi fuga, por no tener yo valor para separarme de ellas con aspereza y sacudirme de sus importunaciones saltando y atropellando por todo para seguir mi vocación, porque la violencia de mi costumbre no cesaba de decirme: ¿Imaginas que has de poder vivir sin estas cosas?

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