Libro X · Capítulo 1
Las confesiones · San Agustín de Hipona
Tramo 1 de 1
1. Sólo en Dios halla un alma su esperanza y alegría. Conózcaos yo, Padre mío, conózcaos yo como Vos me conocéis. Vos, Dios mío, que sois la virtud y fortaleza de mi alma, entrad en ella, ajustadla tanto a Vos, que la tengáis, poseáis y llenéis toda, y ella quede a vuestros ojos sin arruga ni mancha. Así lo espero y deseo, y esto me da aliento y confianza de hallaros; esta esperanza es la que me alegra, cuando es legítima y verdadera mi alegría. Todas las demás cosas de esta vida tanto menos deberían llorarse, cuanto más se suele llorar el no tenerlas; y por otra parte, tanto más se deberían llorar, cuanto menos se suele llorar el gozarlas. Ésta es una confesión de la verdad que Vos amáis; y como el que sigue la verdad llega a conseguir la luz, yo quiero seguirla y practicarla, ya sea en la confesión que os hago en lo oculto de mi corazón, ya sea en la que hago públicamente con mi pluma delante de todo el mundo.
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