Libro X · Capítulo 4
Las confesiones · San Agustín de Hipona
Tramo 1 de 3
5. Pero ¿qué fruto esperan sacar de mis Confesiones éstos que las desean?, ¿será acaso que quieren alegrarse conmigo y darme parabienes, cuando sepan lo que por vuestra gracia he adelantado para acercarme a Vos y orar por mí, cuando me oigan confesar cuanto me estorba para eso mismo el peso de mi corrupción? A estos tales yo me descubriré desde luego, porque ya no es pequeño fruto, Dios y Señor mío, que muchos os den gracias por los beneficios que me habéis hecho, y sean muchos también los que os supliquen y hagan oración por mí.
Bueno es que mis hermanos amen en mí lo que Vos enseñáis que debe ser amado; y bueno es que sientan ver en mí lo que Vos enseñáis que debe ser sentido. Haga esto el que me ame como verdadero hermano suyo, no aquél que por falta de caridad y de fe me sea extraño y permanezca en la clase de los que llama David hijos ajenos, cuya boca se emplea en doctrinas vanas, y cuya diestra lo es para la maldad. Haga esto, vuelvo a decir, el que me mire con fraternal afecto, porque éste, cuando me aprueba, se alegra de mi bien y, cuando me reprueba, se entristece de mi mal, porque ya apruebe o ya repruebe mi conducta, siempre me ama. Pues a éstos quiero darme a conocer, para que respiren con alegría cuando sepan lo que hay en mí de bueno y suspiren con tristeza por lo que hubiere de malo.
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