Libro X · Capítulo 14
Las confesiones · San Agustín de Hipona
Tramo 2 de 3
Pues siendo esto así, ¿en qué consiste que, aun cuando actualmente esté alegre, si me acuerdo de mi tristeza pasada, mi alma tenga alegría y mi memoria tristeza, pero de tal modo que el alma real y verdaderamente está alegre, porque tiene en sí la alegría, y la memoria no está triste, aunque tiene en sí la tristeza?, ¿acaso puede decirse que la memoria no es parte del alma? ¿Quién puede decir tal cosa? De todo lo cual podemos inferir que la memoria, respecto del alma, es como el estómago respecto del cuerpo; y que la alegría y la tristeza son dos manjares, uno dulce y otro amargo; y así, cuando aquéllas se encomiendan a la memoria, es como cuando los manjares pasan al estómago, que allí se pueden guardar, pero no comunicar su sabor. Sería un pensamiento ridículo juzgar que en todo eran semejantes estas dos cosas, bien que tienen las dos alguna semejanza.
22. También es muy cierto que cuando digo que son cuatro las pasiones del alma: deseo, alegría, miedo y tristeza, todo lo que de ellas pueda discurrir y disputar, ya dividiendo cada uno de sus géneros en sus respectivas especies, ya dando a cada una sus propias definiciones, lo saco de mi memoria, pues allí encuentro lo que he de decir y de allí efectivamente saco todo lo que digo; pero no me siento movido de ninguna de estas pasiones cuando las recuerdo, las nombro y trato de ellas, siendo así que estaban en mi memoria aun antes que tratase o me acordase de ellas; porque estaban allí pude sacarlas a luz y recordarlas.
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