Libro X · Capítulo 16
Las confesiones · San Agustín de Hipona
Tramo 1 de 4
24. Pero ¿qué diremos que sucede cuando nombro el olvido, con conocimiento de lo que nombro? Porque no pudiera conocer bien el olvido sino acordándome de él. No hablo del sonido de esta palabra olvido, sino de la cosa significada, la cual, si yo la hubiera olvidado, es cierto que no pudiera saber lo que vale o significa aquella voz. Resulta, pues, que cuando hago mención de la memoria, la misma memoria inmediatamente por sí misma se ofrece y se presenta a sí misma; pero cuando menciono al olvido, se hacen presentes y se ofrecen luego la memoria y el olvido: la memoria, con la cual me acuerdo y menciono al olvido, y el olvido, que es la cosa de que me acuerdo y que menciono.
Pero ¿qué es el olvido sino una falta o privación de la memoria? ¿Y cómo esa privación de memoria está presente para que me acuerde de ella, si no es posible que me acuerde mientras subsista esa privación o falta de memoria? Siendo, pues, cierto que aquello de que nos acordamos lo tenemos en la memoria, y que si no nos acordásemos del olvido, no sería posible que entendiésemos lo que se significa con esta palabra olvido, cuando la oímos pronunciar, se infiere necesariamente que tenemos al olvido en la memoria.
No se pudiera inferir de aquí que, cuando nos acordamos del olvido, no estáél por sí mismo en nuestra memoria, sino mediante su imagen que le representa; porque si fuera el mismo olvido el que allí se representa en su ser propio, no haría que nos acordásemos, sino todo lo contrario. ¿Y quién alcanzará perfectamente ni podrá comprender cómo esto sea?
Capítulo anteriorÚltimo tramo abierto guardado si su navegador acepta cookies. También puede guardar esta página en favoritos.