Libro X · Capítulo 17
Las confesiones · San Agustín de Hipona
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26. Grande y excelente potencia es la memoria. Su multiplicidad, Dios mío, tan profunda como inmensa, tiene un no sé qué que espanta; todo esto que es mi memoria lo es mi alma y lo soy también yo mismo. ¿Y qué soy yo, Dios mío?, ¿qué ser y naturaleza es la que tengo? Una naturaleza que se compone de varias y que vive con varios modos de vida, y que de varios modos es inmensa, como se ve en los espaciosos campos de mi memoria, en las innumerables y profundas cuevas y senos ocultísimos de que consta, que de innumerables modos están todos llenos de innumerables géneros de cosas, ya estén allí por medio de sus imágenes, como las cosas corpóreas; ya estén por sí mismas, como las artes y ciencias, ya por medio de no sé qué nociones y señales, como las afecciones o pasiones del alma, que las tiene la memoria aun cuando ya no las padece el alma; no obstante que todo cuanto está en la memoria está en el alma. Por todos estos campos, cavernas y senos de mi memoria corro y vuelo de una parte a otra, me insinúo y profundizo cuanto cedo, pero en parte alguna hallo el fin. Tan inmensa como esto es la fuerza y virtud de la memoria; y tan grande y suma es la vivacidad humana, no obstante ser la vida del hombre mortal y perecedera.
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