Libro X · Capítulo 31
Las confesiones · San Agustín de Hipona
Tramo 6 de 6
47. Yo me hallo en medio de estas tentaciones, y todos los días tengo que pelear contra el apetito de comer y beber; esta materia no podía determinarme a dejarla enteramente de una vez, y no volver jamás a usarla, como lo pude hacer con el deleite carnal: así, pues, las riendas del apetito de comer y beber se han de gobernar de modo que ni se aflojen mucho ni se tiren demasiado. Pero, Señor, ¿quién será aquél que nunca exceda los precisos límites de la necesidad? Cualquiera que sea, ciertamente, es un hombre grande, y os debe dar gracias y engrandecer por ello vuestro nombre. Yo ciertamente no soy tal, porque sólo soy un hombre pecador, aunque también alabo y engrandezco vuestro nombre, y sé que aquel Señor que triunfó del mundo os pide incesantemente el perdón de mis pecados, contándome entre los miembros débiles y flacos de su cuerpo místico, porque vuestros ojos los ven, aunque sean imperfectos, y a todos los tenéis escritos en vuestro Libro.
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