Libro X · Capítulo 37
Las confesiones · San Agustín de Hipona
Tramo 5 de 5
Si el gozo que experimento cuando soy alabado es nacido del bien y provecho de mi prójimo, ¿por qué el vituperio que injustamente se hace a otro me contrista menos que si se me hiciera a mí?, ¿por qué me duele más la contumelia que me hacen a mí mismo, que la que en mi presencia le hacen a mi prójimo, siendo igual la malicia de una y otra? ¿Por ventura ignoro también esto?, ¿había de llegar a tanto que me engañase a mí mismo, y que en presencia vuestra faltase a la verdad con el corazón y con la boca? Apartad Vos, Señor, lejos de mí tan gran locura y no permitáis que mi boca delante de Vos oculte mis defectos, ni sea como el aceite, con que, en frase de David, desfigura el pecador su rostro.
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