Libro X · Capítulo 41
Las confesiones · San Agustín de Hipona
Tramo 1 de 1
66. Por eso consideré todas las dolencias de mis pecados en los tres géneros de concupiscencias que he referido e invoqué vuestra mano poderosa para que sanase las dolencias de mi alma. Como puse mis ojos en vuestros divinos resplandores, teniendo todavía el corazón herido y llagado, no pude resistir tan grande golpe de luz, y como deslumbrado, dije: ¿Quién será capaz de ver tan excesiva luz? Por lo que a mí toca, yo me veo infelizmente arrojado de vuestra presencia.
Vos sois la verdad suma y superior a todas las cosas; mas yo, con una especie de avaricia, por un lado no quería privarme de Vos, pero a la vez quería poseer la mentira y falsedad; como el mentiroso que, aunque quiera ser mentiroso, no quiere él mismo desconocer cuál es la verdad. Por eso pedí ayuda a Dios, Verdad eterna, porque Él no quiere ser poseído en un alma juntamente con la mentira.
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