Libro XI · Capítulo 1
Las confesiones · San Agustín de Hipona
Tramo 1 de 1
1. ¿Por ventura, Señor, siendo vuestra la eternidad, ignoráis las cosas que os digo, o veis en el tiempo lo que se ejecuta en el tiempo? ¿Por qué, pues, os hago relación de tantas cosas? No ciertamente para que por mí las sepáis, sino que despierto hacia Vos mi afecto y el de los que esto leyeren; para que todos digamos: Grande es el Señor, y en gran manera digno de alabanza (Ps., 95, 4). Ya lo dije, y ahora lo digo: Por amor de vuestro amor hago esto. Porque también oramos, no obstante que dice la Verdad: Sabe vuestro Padre de qué tenéis necesidad, antes que se lo pidáis (Mt., 6, 8).
Manifestamos, pues, nuestro afecto para con Vos, confesándoos nuestras miserias y vuestras misericordias para con nosotros, a fin de que, librándonos del todo, pues lo habéis comenzado, dejemos de ser miserables en nosotros, y seamos bienaventurados en Vos, puesto que nos llamasteis para que seamos pobres de espíritu, y mansos, y llorosos, y hambrientos y sedientos de justicia, y misericordiosos, y limpios de corazón, y pacíficos (Mt., 5, 3-9).
Ya veis que os he contado muchas cosas, las que he podido y querido, porque Vos primero quisisteis que os confesara a Vos, Señor Dios mío, porque sois bueno, porque vuestra misericordia permanece para siempre (Ps., 117, 1).
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