Libro XI · Capítulo 7
Las confesiones · San Agustín de Hipona
Tramo 1 de 1
9. Nos llamáis, pues, a conocer vuestro Verbo, Dios con Vos Dios (Jn., 1, 1); el cual eternamente es dicho, y con Él eternamente se dicen todas las cosas. Porque no se termina lo que se decía, y se dice luego otra cosa, para que se puedan decir todas: de otra suerte habría ya en Él tiempo y mudanza, y no verdadera eternidad ni inmortalidad verdadera. Esto lo conozco, Dios mío, y os doy gracias; lo conozco, os lo confieso, y conmigo lo conoce y os alaba todo el que no es ingrato a la verdad cierta. Conocemos, Señor, conocemos, que en cuanto una cosa no es lo que era, y es lo que no era, en tanto muere y nace. Nada, pues, de vuestro Verbo pasa, nada empieza de nuevo, por cuanto es verdaderamente inmortal y eterno. Y así, en este Verbo, coeterno con Vos, decís, simultánea y sempiternamente, todo cuanto decís, y se hace cuanto decís que se haga; y no lo hacéis de otra manera, sino diciéndolo; y con todo, no todas las cosas que Vos hacéis diciéndolo se hacen simultánea y sempiternamente.
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