Santos Apóstoles · Kindle

Libro XI · Capítulo 9

Las confesiones · San Agustín de Hipona

Tramo 1 de 1

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11. En este Principio, oh Dios, hicisteis el cielo y la tierra (Gen., 1, 1): en vuestro Verbo, en vuestro Hijo, en vuestro Poder, en vuestra Sabiduría, en vuestra Verdad: maravilloso Vos en el decir, maravilloso en el obrar.

¿Quién lo entenderá? ¿Quién lo explicará? ¿Qué es aquello que relampaguea en mi interior, y hiere mi corazón sin herida? Y me horrorizo, y me enardezco: me horrorizo por cuanto le soy desemejante, me enardezco por cuanto le soy semejante. La Sabiduría, la misma Sabiduría es la que a intervalos me ilumina, rasgando mi nublado, que de nuevo me cubre cuando desfallezco ante la negrura y el cúmulo de mis penas. Porque hasta tal punto se debilitó en la indigencia mi vigor (Ps., 30, 11), que no soporto mi bien: hasta que Vos, Señor, que os hicisteis propicio a todas mis iniquidades, curéis también todas mis enfermedades; porque Vos, además, redimiréis de la corrupción mi vida, y me coronaréis con miseración y misericordia, y hartaréis de bienes mi deseo, pues será renovada mi juventud como la del águila (Ps., 102, 3-5). Porque en esperanza hemos sido salvados, y con paciencia esperamos vuestras promesas (Rom., 8, 24, 25). Os oiga conversar interiormente quien puede: yo, confiado, clamaré según vuestro oráculo: ¡Cuán engrandecidas son vuestras obras, Señor; todas las hicisteis con Sabiduría! (Ps., 103, 24). Esta sabiduría es el Principio; y en este Principio hicisteis el cielo y la tierra (Gen., 1, 1).

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