Libro XI · Capítulo 11
Las confesiones · San Agustín de Hipona
Tramo 1 de 1
13. Los que esto dicen no os entienden todavía, oh Sabiduría de Dios, Luz de las inteligencias: no entienden todavía cómo se hacen las cosas que por Vos y en Vos se hacen; y se esfuerzan por conocer las cosas eternas, pero todavía su corazón revolotea por los movimientos de las cosas pasadas y futuras, y todavía es vano (Ps., 5, 10). ¿Quién le detendrá y le fijará, para que por un momento se pare, y por un momento perciba el resplandor de la eternidad siempre permanente; y le compare con los tiempos, nunca permanentes, y vea que es incomparable; y vea que el tiempo largo no se hace largo sino con el pasar de muchos movimientos, los cuales no pueden simultáneamente existir; mientras que en la eternidad nada pasa, sino todo está presente; y vea que todo pasado viene empujado por un futuro, y que todo futuro viene en pos de un pasado; y que todo pasado y futuro es creado y pasa por lo que siempre está presente? ¿Quién detendrá el corazón del hombre para que se pare y vea cómo estando ella inmóvil, gobierna los tiempos futuros y pasados, la eternidad ni futura ni pasada? ¿Acaso tiene poder para hacerlo mi mano? (Gen., 31, 29), o ¿la mano de mi boca, por medio de las palabras, hace cosa tan grande?
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