Libro XI · Capítulo 15
Las confesiones · San Agustín de Hipona
Tramo 1 de 3
18. Y, no obstante, decimos «largo tiempo» y «breve tiempo»; y esto no lo decimos sino del pasado y del futuro. Largo tiempo pasado decimos, verbi-gracia, hace cien años; y del mismo modo, largo tiempo futuro, de aquí a cien años; breve tiempo pasado, si, por ejemplo, decimos hace diez días; y breve tiempo futuro, de aquí a diez días.
Pero ¿cómo es largo o breve lo que no es? Porque el pasado ya no es; y el futuro, todavía no es. No digamos, pues: «es largo», sino digamos, del pasado, «fue largo», y del futuro, «será largo».
Señor mío, Luz mía, ¿acaso aquí también vuestra verdad no se reirá del hombre? Pues si fue largo el tiempo pasado, ¿lo fue cuando ya era pasado, o bien cuando todavía estaba presente? Porque entonces podía ser largo, cuando era algo que pudiera ser largo; pero el pasado ya no era; por donde no podía ser largo lo que absolutamente no era. No digamos, pues: largo fue el tiempo pasado, porque nada encontraremos que pueda ser largo, cuando, una vez pasado, es nada: sino digamos: largo fue aquel tiempo presente; porque cuando estaba presente, era largo, pues todavía no había pasado para no ser, y por eso era algo que pudiera ser largo; pero una vez que hubo pasado, dejó a la vez de ser largo al dejar de ser.
19. Veamos, pues, ahora, alma humana, si el tiempo presente puede ser largo, puesto que se te ha dado sentir su duración y medirla. ¿Qué me responderás? ¿Cien años presentes son, acaso, un tiempo largo?
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