Santos Apóstoles · Kindle

Libro XI · Capítulo 18

Las confesiones · San Agustín de Hipona

Tramo 1 de 2

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23. Dejadme preguntar más, Señor, esperanza mía, que no se perturbe mi atención. Porque si existen las cosas futuras y pretéritas, quiero saber dónde están. Y si todavía no puedo saberlo, sé, no obstante, que dondequiera que estén, no son allí futuras o pretéritas, sino presentes. Porque si allí también son futuros, todavía no están allí; y si allí son pretéritos, ya no están allí. Dondequiera, pues, que estén, todas las cosas que son, no son sino presentes.

Cierto es que cuando se cuentan cosas pretéritas verdaderas, se sacan de la memoria, no las cosas mismas que pasaron, sino las palabras engendradas por sus imágenes, que pasando por los sentidos, imprimieron unas como huellas en el alma. Así, mi niñez, que ya no existe, está en el tiempo pretérito que ya no existe; pero la imagen de ella, cuando la recuerdo y la menciono, la miro en el tiempo presente, porque todavía existe en mi memoria.

Si también es semejante la causa de predecir los futuros, de suerte que el alma presienta las imágenes ya existentes de las cosas que aún no son, confieso Dios mío que no lo sé. Lo que realmente sé es que nosotros ordinariamente premeditamos nuestras acciones futuras, y que esta premeditación está presente, mas la acción que premeditamos aún no existe, porque es futura; y cuando la emprendiéremos y comenzáremos a ejecutar lo que premeditábamos, entonces aquella acción existirá, porque entonces no será futura, sino presente.

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