Santos Apóstoles · Kindle

Libro XI · Capítulo 28

Las confesiones · San Agustín de Hipona

Tramo 1 de 2

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37. Mas ¿cómo se disminuye o se consume el futuro que todavía no es, o cómo crece el pasado que ya no es, sino porque en el alma, que es la que lo hace, existen tres cosas?

Porque ella «espera», «atiende» y «recuerda»; de suerte que aquello que «espera», pasando por lo que «atiende», va a parar a lo que «recuerda». ¿Quién niega, pues, que los futuros aún no son, y, no obstante, en el alma existe expectación de los futuros? ¿Y quién niega que lo pasado ya no es, y, sin embargo, existe todavía en el alma memoria de lo pasado? ¿Y quién niega que el tiempo presente carece de espacio, pues para en un punto, y, sin embargo, perdura la atención por donde pasa a ausentarse lo que va a presentarse?

No es, pues, largo el tiempo futuro, que no es, sino que el futuro largo es una larga expectación del futuro; no es largo el tiempo pasado, que no es, sino que el pasado largo es la memoria larga del pasado.

38. Voy a recitar una canción que sé. Antes de comenzar, mi «expectación» se extiende a toda ella; pero una vez comenzada, cuanto vaya desgranando de ella hacia el pasado, otro tanto se va extendiendo mi «memoria»; y mi actividad en esta acción se distiende: hacia la «memoria», por lo que he recitado, y hacia la «expectación», por lo que he de recitar; pero está presente mi «atención», por la cual lo que era futuro pasa a hacerse pretérito. Y cuanto esta acción avanza más y más, tanto disminuye la «expectación» y crece la «memoria»; hasta que la «expectación» se consuma del todo, cuando terminada la acción, hubiere pasado a la «memoria».

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