Libro XII · Capítulo 11
Las confesiones · San Agustín de Hipona
Tramo 1 de 3
11. Ya me dijisteis, Señor, con voz poderosa al oído interior, que Vos sois eterno, el único que tiene inmortalidad (1 Tim., 6, 16), porque con ninguna forma ni movimiento os mudáis, ni con los tiempos varía vuestra voluntad, puesto que no es inmortal la voluntad que ya es una, ya es otra. Esto lo veo claro en vuestra presencia, y os suplico se me esclarezca más y más, y en este conocimiento permanezca yo humilde debajo de vuestras alas.
También me dijisteis, Señor, con voz poderosa al oído interior que todas las naturalezas y sustancias que no son lo que sois Vos, y que, sin embargo, Vos las hicisteis; y que solamente no procede de Vos lo que no es; y tampoco el movimiento de la voluntad que se aparta de Vos, que sois, hacia lo que es menos que Vos; porque tal movimiento es delito y pecado. Y que ningún pecado de nadie os daña a Vos, ni perturba el orden de vuestro imperio ni en lo sumo ni en lo ínfimo. Esto parece claro en vuestra presencia, y os suplico se me esclarezca más y más; y que en este conocimiento permanezca yo humilde debajo de vuestras alas.
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