Libro XII · Capítulo 15
Las confesiones · San Agustín de Hipona
Tramo 2 de 5
Esta es la casa de Dios, no terrena ni corpórea, con mole alguna, aunque sea celestial, sino espiritual y participante de vuestra eternidad, puesto que está sin mancha para siempre. Porque Vos la fundasteis por los siglos de los siglos; le pusisteis un precepto, y no pasará (Ps., 148, 6). Y, sin embargo, no es coeterna con Vos, porque no es sin principio, pues ha sido hecha.
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