Libro XII · Capítulo 17
Las confesiones · San Agustín de Hipona
Tramo 1 de 2
24. Dicen, pues: Aunque eso sea verdad, Moisés no pensaba en esas dos cosas cuando, por revelación del Espíritu, dijo: En el principio creó Dios el cielo y la tierra. Por el nombre cielo no significó aquella creatura espiritual o intelectual que contempla siempre la faz de Dios; ni por el nombre tierra la materia informe.
–¿Qué significó, pues?
–Lo que nosotros decimos –responden– eso es lo que sintió aquel varón, y eso es lo que expresó en aquellas palabras.
–Y eso, ¿qué es?
–Con el nombre de cielo y tierra –añaden– quiso, primero, en general y brevemente, significar todo este mundo visible, para después exponer en particular, con la enumeración de los días, las cosas que al Espíritu Santo plugo enunciar de esta manera. Porque eran tales hombres los de aquel pueblo rudo y carnal a quien hablaba, que juzgó no debía encomendarles otras obras de Dios, sino solas las visibles.
Pero convienen en que por la tierra invisible e incompuesta, y el abismo tenebroso, de donde a continuación se muestra haber sido hechas y dispuestas, durante aquellos días, todas estas cosas visibles que son conocidas de todos, no es incongruente entender aquella materia informe.
25. Y ¿qué, si algún otro dijese que la misma informidad y confusión de la materia fue primero significada por el nombre de el cielo y la tierra, porque de ella fue formado y perfeccionado este mundo visible, con todas las naturalezas que en él manifestísimamente aparecen, que suelen frecuentemente llamarse con el nombre de el cielo y la tierra?
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