Libro XIII · Capítulo 1
Las confesiones · San Agustín de Hipona
Tramo 1 de 1
1. Os invoco, Dios mío, misericordia mía, que me criasteis, y cuando yo os tenía olvidado, no me olvidasteis. Os invoco para que vengáis a mi alma, a la cual preparáis para que os reciba con el deseo que le inspiráis. No desamparéis al que ahora os invoca, pues que antes que os invocara me previnisteis y frecuentemente insististeis con muchas maneras de voces, para que de lejos os oyese y me convirtiese y os llamase a Vos que me llamabais.
Porque Vos, Señor, borrasteis todos mis méritos malos para no dar su merecido a estas mis manos que os hicieron traición, y previnisteis todos mis méritos buenos para galardonar a vuestras manos con que me hicisteis. Porque antes que yo fuese, erais Vos; ni era yo algo para que me otorgaseis el ser. Y, sin embargo, he aquí que soy por vuestra bondad, que previno todo esto: que me hicisteis y por qué me hicisteis. Porque Vos no tenéis necesidad de mí, ni yo soy tal bien de que Vos pudierais ser ayudado, Señor mío y Dios mío; ni puedo en tal manera serviros como para que no os fatiguéis en obrar, o para que no sufra mengua vuestro poder, faltándole mi obsequio, ni para daros culto como se cultiva la tierra, que si no os doy culto, quedaréis baldío, sino para serviros y daros culto, a fin de que me venga la felicidad de Vos, de quien me viene el ser capaz de ser feliz.
Siguiente capítuloCapítulo anteriorÚltimo tramo abierto guardado si su navegador acepta cookies. También puede guardar esta página en favoritos.