Santos Apóstoles · Kindle

Libro XIII · Capítulo 2

Las confesiones · San Agustín de Hipona

Tramo 1 de 2

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2. Pues es así que de la plenitud de vuestra bondad recibió el ser toda criatura a fin de que un bien que nada podía aprovecharnos, ni procediendo de Vos había de ser igual a Vos, sin embargo, ya que por Vos podía ser hecho, no faltase. Porque ¿qué os había merecido el cielo y la tierra que hicisteis en el principio? Digan qué os merecieron la naturaleza espiritual y la corporal que hicisteis en vuestra Sabiduría, para que de ella estuviesen pendientes, aunque incoadas e informes, cada una según su género, espiritual o corporal, propendiendo al desorden y a una remota desemejanza vuestra: la espiritual informe, más excelente que si fuese un cuerpo formado; y la corporal informe más excelente que si absolutamente nada fuese; y así informes habrían estado pendientes de vuestro Verbo, si por el mismo Verbo no hubieran sido reducidas a vuestra Unidad, y formadas y hechas por Vos, sumo Bien, todas ellas sobre manera buenas (Gen., 1, 31). ¿Qué mérito tenían delante de Vos para ser siquiera informes, las que ni aun eso serían sino por Vos?

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