Libro XIII · Capítulo 3
Las confesiones · San Agustín de Hipona
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4. Mas lo que en las primeras creaciones dijisteis (Gen., 1, 3): Sea la luz, y fue la luz, entiéndolo yo no incongruentemente efectuado en la criatura espiritual; porque era ya una cierta manera de vida, que Vos podíais iluminar. Mas así como no había merecido de Vos ser tal vida que pudiera ser iluminada, así tampoco, cuando ya era, mereció de Vos que la iluminaseis. Porque ni tampoco su informidad os habría agradado, si no se trocase en luz, no por esencia, sino contemplando la Luz que ilumina (Jn., 1, 9) y permaneciendo adherida a ella, para que lo que tiene de vida y de vida bienaventurada, no lo deba sino a vuestra gracia; convertida por una mudanza mejor hacia aquello que ni en mejor ni en peor puede mudarse: y eso sois solo Vos; porque solo Vos sencillamente sois para quien no es una cosa vivir y otra bienaventuradamente vivir, porque Vos sois vuestra bienaventuranza.
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