Libro XIII · Capítulo 11
Las confesiones · San Agustín de Hipona
Tramo 1 de 1
12. ¿Quién conoce la Trinidad omnipotente? ¿Y quién no habla de ella, si es que es Ella? Rara es el alma, cualquiera que habla de Ella, que sabe lo que dice. Y porfían y discuten: y nadie sin paz ve esta visión.
Quisiera que los hombres pensaran estas tres cosas en sí mismos. Muy distintas son estas tres cosas de aquella Trinidad; mas lo digo para que se ejerciten y prueben y sientan cuán distintas son:
Estas son las tres cosas que digo: ser, conocer, querer. Porque yo soy, y conozco, y quiero. Soy el que conoce y quiere; conozco que soy, que conozco y quiero, y quiero ser y conocer.
En estas tres cosas, pues, cuán inseparable sea la vida: una sola vida, una sola inteligencia y una sola esencia: y, finalmente, cuán inseparable la distinción, pues hay distinción, véalo quien pueda. Cada uno está en presencia de sí mismo: ponga atención a sí mismo y observe y dígamelo.
Pero después que en este punto hubiere hallado algo y lo dijere, no piense ya haber hallado aquel Ser que sobre todas estas cosas es inmutable: que inmutablemente es, inmutablemente conoce e inmutablemente quiere.
Ahora bien: si porque estas tres cosas se hallan en Dios es por lo que hay en Él Trinidad, o bien, estas tres cosas se hallan en cada Persona, de suerte que todas tres sean de cada una, o si lo uno y lo otro se realiza en Dios por modo maravilloso, con simplicidad y multiplicidad, en virtud de la grandeza ubérrima de su unidad, que tiene el infinito como límite de sí misma, y, por tanto, inmutablemente el mismo es, y a sí mismo se conoce, y a sí mismo se basta, ¿quién lo pensará fácilmente?, ¿quién de alguna manera lo dirá?, ¿quién de cualquier modo temerariamente lo resolverá?
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