Santos Apóstoles · Kindle

Libro XIII · Capítulo 17

Las confesiones · San Agustín de Hipona

Tramo 2 de 2

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21. Pero las almas sedientas de Vos y comparecientes delante de Vos, separadas por otro fin de la sociedad del mar, Vos las regáis con una secreta y dulce fuente, para que también la tierra dé su fruto (Ps., 84, 13); y da su fruto, y mandándolo Vos, Señor Dios de ella, germina nuestra alma obras de misericordia, según su género, amando al prójimo en el remedio de las necesidades materiales, y teniendo en sí mismo la semilla según su semejanza (Gen., 1, 11 y 12), porque por el sentimiento de nuestra flaqueza nos compadecemos para remediar a los indigentes, socorriéndoles de la manera que nosotros querríamos ser socorridos si de igual modo lo necesitásemos; y esto no solamente en cosas fáciles, que son como la hierba con su semilla, sino también con la protección de un socorro fuerte y robusto, que es como un árbol fructífero, esto es, benéfico para arrebatar de la mano del poderoso al que padece injusticia, ofreciéndole sombra de protección con el roble poderoso del justo juicio.

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