Santos Apóstoles · Kindle

Libro XIII · Capítulo 23

Las confesiones · San Agustín de Hipona

Tramo 2 de 3

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Ni tampoco juzga de aquella distinción entre hombres espirituales y carnales (1 Cor., 1, 6) que a vuestros ojos, Dios nuestro, son manifiestos, y que todavía no se han manifestado a nosotros por sus obras para que por sus frutos los conozcamos (Mt., 7, 20); pero Vos, Señor, ya los conocéis y en secreto los separasteis y nombrasteis antes que fuese hecho el firmamento.

Ni tampoco el hombre, aunque espiritual, juzga de los pueblos turbulentos de este siglo; pues ¿qué le va a él en juzgar a los que están fuera (1 Cor., 5, 12), ignorando cuál de ellos habrá de venir a la dulzura de vuestra gracia, y cuál habrá de permanecer perpetuamente en la amargura de la impiedad?

34. Y por esto el hombre que Vos hicisteis a vuestra imagen, no recibió poder sobre las lumbreras del cielo, ni sobre el mismo cielo oculto, ni sobre el día y la noche, que Vos llamasteis al ser antes de la formación del cielo, ni sobre la aglomeración de las aguas, que es el mar; sino recibió poder sobre los peces del mar, y sobre las aves del cielo, y sobre todos los ganados y sobre toda la tierra. Porque él juzga: y aprueba lo que encuentra recto, y reprueba lo que encuentra vicioso; ora en la solemnidad de los sacramentos con que son iniciados los que vuestra misericordia va buscando entre las muchas aguas; ora en las ceremonias con que se exhibe aquel Pez extraído del profundo, de que la tierra piadosa se alimenta; ora en los signos y voces de palabras sujetas a la autoridad de vuestro Libro, cual aves que vuelan bajo el firmamento, interpretando, exponiendo, disertando, disputando, bendiciéndoos e invocándoos a Vos con los signos que brotan de la boca y suenan para que él pueda responder: «Amén».

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