Libro XIII · Capítulo 25
Las confesiones · San Agustín de Hipona
Tramo 1 de 2
38. Deseo también decir, Señor Dios mío, lo que a continuación me amonesta vuestra Escritura; y lo diré y no temeré, porque diré la verdad, inspirándome Vos lo que sobre aquellas palabras habéis querido que yo diga. Porque inspirándome otro que Vos, no creo que dice la verdad, pues Vos sois la verdad (Jn., 14, 6), y todo hombre es mentiroso (Rom., 3. 4). Y por eso, quien habla mentira habla de su cosecha (Jn., 8, 44). Para decir, pues, verdad, hablo por cuenta vuestra.
He aquí que nos disteis para mantenimiento toda hierba de siembra que produce semilla que existe sobre la tierra, y todo árbol que lleva en sí fruto de semilla para sembrar. Y no para nosotros solos, sino también para todas las aves del cielo, y para las bestias de la tierra, y para los reptiles (Gen., 1, 29-30); pero a los peces y grandes cetáceos no les disteis este alimento.
Capítulo anteriorÚltimo tramo abierto guardado si su navegador acepta cookies. También puede guardar esta página en favoritos.