Libro XIII · Capítulo 27
Las confesiones · San Agustín de Hipona
Tramo 1 de 1
42. Y por eso diré una cosa que es verdadera en vuestra presencia, Señor. Cuando hombres idiotas e infieles (1 Cor., 14, 23) –que para ser iniciados y ganados tienen necesidad de los sacramentos iniciadores y de grandiosos milagros que yo creo designados con el nombre de peces y grandes cetáceos– reciben a vuestros siervos para alimentarlos corporalmente o para ayudarles en alguna necesidad de la vida presente, comoquiera que ignoran por qué motivo se ha de hacer y a qué fin se ordena, ni aquéllos les ofrecen, ni éstos reciben mantenimiento; porque ni aquéllos lo hacen con santa y recta intención, ni éstos se gozan en sus dones, donde todavía no ven fruto. Porque es así que el alma se mantiene de aquello en que se goza.
Y por eso los peces y cetáceos no comen los alimentos que solamente produce la tierra, ya separada y apartada de la amargura de las ondas marinas.
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