Santos Apóstoles · Kindle

Libro XIII · Capítulo 32

Las confesiones · San Agustín de Hipona

Tramo 1 de 2

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47. ¡Gracias a Vos, Señor!

Vemos el cielo y la tierra: ya entendamos las dos partes de la creación corpórea, la superior y la inferior, ya sea la creación espiritual y la corporal.

Y en el adorno de estas partes de que se compone, o bien toda la fábrica del mundo, o bien absolutamente toda la creación, vemos creada la luz y separada de las tinieblas.

Vemos el firmamento del cielo: sea que esté entre las aguas espirituales superiores y las corporales inferiores (n. 7), el primer cuerpo del mundo; sea este espacio del aire –porque también éste se llama cielo–, por el cual vagan las aves del cielo, entre las aguas que en forma de vapor flotan sobre ellas y en las noches serenas se condensan en rocío, y estas otras que corren pesadamente sobre la tierra.

Vemos por las llanuras del mar la hermosura de las aguas reunidas; y la tierra seca, primero informe, y luego formada, de suerte que fuera visible y compuesta, y madre de hierbas y de árboles.

Vemos resplandecer desde lo alto las lumbreras: que al día le basta el sol; que la luna y las estrellas consuelan la noche, y que todas ellas marcan y señalan los tiempos (Gen., 1, 14-18).

Vemos el húmedo elemento por todas partes fecundo de peces, de monstruos y de aves; porque el espesor del aire que sostiene el vuelo de las aves se forma con la vaporación de las aguas.

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