Libro I · Capítulo 8
La imitación de Cristo · Tomás de Kempis
Que se ha de evitar la mucha familiaridad
Tramo 1 de 1
[1] No descubras tu corazón a cualquiera (Qo 8,22), mas comunica tus cosas con el sabio y temeroso de Dios.
Con los jóvenes y extraños conversa poco.
Con los ricos no seas lisonjero, ni estés de buena gana delante de los grandes.
Acompáñate con los humildes y sencillos y con los devotos y bien acostumbrados, y trata con ellos cosas de edificación.
No tengas familiaridad con ninguna mujer; mas en general encomienda a Dios todas las buenas.
Desea ser familiar sólo a Dios y a sus ángeles, y huye de ser conocido de los hombres.
[2] Justo es tener caridad con todos; pero no conviene la familiaridad.
Algunas veces sucede que la persona no conocida resplandece por la buena fama; pero su presencia suele parecer mucho menos.
Pensamos algunas veces agradar a los otros con nuestra conversación; y más los ofendemos porque ven en nosotros costumbres menos ordenadas.
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