Santos Apóstoles · Kindle

Libro I · Capítulo 19

La imitación de Cristo · Tomás de Kempis

De los ejercicios del buen religioso

Tramo 2 de 3

Letra pequeñaMedianaGrande

[4] Si no puedes recogerte de continuo, hazlo de cuando en cuando y, por lo menos, una vez al día, por la mañana o por la noche.

Por la mañana, propón; a la noche, examina tus obras: cuál has sido este día en palabras, obras y pensamientos; porque puede ser que hayas ofendido en esto a Dios y al prójimo muchas veces.

Ármate, como varón, contra las malicias del demonio; refrena la gula, y fácilmente refrenarás toda inclinación de la carne.

Nunca estés del todo ocioso, sino lee o escribe, o reza, o medita, o haz algo de provecho para la comunidad.

Pero los ejercicios corporales se deben tomar con discreción, porque no son igualmente convenientes para todos.

[5] Los ejercicios particulares no se deben hacer públicamente, porque con más seguridad se ejercitan en secreto.

Guárdate, empero; no seas perezoso para lo común y pronto para lo particular, sino cumplido muy bien lo que debes y te está encomendado; si tienes lugar, éntrate dentro de ti como desea tu devoción.

No todos podemos ejercitar una misma cosa; unas convienen más a unos y otras a otros.

También, según el tiempo, te son más a propósito diversos ejercicios, porque unos son mejores para las fiestas, otros para los días de trabajo.

Necesitamos de unos para el tiempo de la tentación y de otros para el de la paz y sosiego.

En unas cosas es bien pensar cuando estamos tristes, y en otras, cuando alegres en el Señor.

[6] En las fiestas principales debemos renovar nuestros buenos ejercicios, e invocar con mayor fervor la intercesión de los santos.

De una fiesta para otra debemos proponer algo, como si entonces hubiésemos de salir de este mundo y llegar a la eterna festividad.

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