Libro II · Capítulo 1
La imitación de Cristo · Tomás de Kempis
De la conversación interior
Tramo 1 de 3
[1] Dice el Señor: «El reino de Dios dentro de vosotros está» (Lc 17,21). Conviértete a Dios de todo corazón, y deja ese miserable mundo, y hallará tu alma reposo.
Aprende a menospreciar las cosas exteriores y darte a las interiores, y verás que se viene a ti el reino de Dios.
Pues «el reino de Dios es paz y gozo en el Espíritu Santo» (Rom 14,16), que no se da a los malos.
Si le preparas digna morada interiormente, Cristo vendrá a ti y te mostrará su consolación.
«Toda su gloria» y hermosura «está en lo interior», y allí se está complaciendo.
Su continua visitación es con el hombre interior, con él habla dulcemente, tiene agradable consolación, mucha paz y admirable familiaridad.
[2] Ea, pues, alma fiel, prepara tu corazón a este Esposo, para que se digne venir a ti y morar contigo.
Porque Él dice así: «Si alguno me ama, guardará mi palabra; y vendremos a él, y haremos en él nuestra morada» (Jn 14,23).
Da, pues, lugar a Cristo, y a todo lo demás cierra la puerta.
Si a Cristo tuvieres, estarás rico, y te bastará. Él será tu fiel procurador, y te proveerá de todo, de manera que no tendrás necesidad de esperar en los hombres.
Porque los hombres se mudan fácilmente y desfallecen en breve; pero «Cristo permanece para siempre» (Jn 12,34), y está firme hasta el fin.
[3] No hay que poner mucha confianza en el hombre frágil y mortal, aunque sea inútil y bien querido; ni has de tomar mucha pena si alguna vez fuere contrario o enemigo.
Los que hoy son contigo, mañana te pueden contradecir, y al contrario: muchas veces se vuelven como el viento.
Pon en Dios toda tu esperanza, y sea Él tu temor y tu amor. Él responderá por ti, y lo hará bien, como mejor convenga.
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