Santos Apóstoles · Kindle

Libro II · Capítulo 9

La imitación de Cristo · Tomás de Kempis

Del carecer de todo consuelo

Tramo 1 de 3

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[1] No es grave cosa despreciar la humana consolación cuando tenemos la divina.

Grave cosa es, muy grande, ser privado y carecer de consuelo divino y humano, y querer sufrir de gana destierro de corazón por la honra de Dios y en ninguna cosa buscarse a sí mismo ni mirar a su propio merecimiento.

¿Qué gran cosa es si estás alegre y devoto cuando viene la gracia de Dios? Esta hora todos la desean.

Muy suavemente cabalga aquel a quien lleva la gracia de Dios.

¿Y qué maravilla, si no siente carga, el que es llevado del Omnipotente y guiado por el Guía soberano?

[2] Muy de gana tomamos algún pasatiempo, y con dificultad se desnuda el hombre de sí mismo.

El mártir san Lorenzo venció al mundo con su Sacerdote, porque despreció todo lo que en el mundo parecía deleitable, y sufrió con paciencia, por amor de Cristo, que le fuese quitado Sixto, el sumo sacerdote de Dios, a quien él amaba mucho.

Así, pues, con el amor del Creador venció al amor del hombre, y trocó el contento humano por el beneplácito divino.

Así, tú aprende a dejar algún pariente o amigo querido por amor de Dios; y no te parezca grave cuando te dejare tu amigo, sabiendo que es necesario que nos apartemos al fin unos de otros.

[3] Mucho y largo tiempo conviene que pelee el hombre consigo mismo antes que aprenda a vencerse del todo y traer a Dios cumplidamente todo su deseo.

Cuando el hombre se apoya en sí mismo, de ligero se desliza a las consolaciones humanas. Mas el verdadero amador de Cristo y estudioso imitador de las virtudes no se arroja a las consolaciones ni busca tales dulzuras sensibles; mas antes procura fuertes ejercicios y sufrir por Cristo duros trabajos.

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