Libro II · Capítulo 10
La imitación de Cristo · Tomás de Kempis
Del agradecimiento por la gracia de Dios
Tramo 2 de 2
Da a Dios lo que es de Dios y atribuye a ti lo que es tuyo; esto es: da gracias a Dios por la gracia, y sólo a ti atribuye la culpa, y conoce serte debida por la culpa dignamente la pena.
[4] Ponte siempre en lo más bajo y se te dará lo alto, porque no está lo muy alto sin lo más bajo.
Los grandes santos cerca de Dios son pequeños cerca de sí, y cuanto más gloriosos, tanto en sí más humildes; llenos de verdad y de gloria celestial, no son codiciosos de gloria vana.
Los que están fundados y confirmados en Dios, en ninguna manera pueden ser soberbios. Y los que atribuyen a Dios todo cuanto bien reciben, no buscan ser loados unos a otros; mas quieren la gloria que de sólo Dios viene, codician que sea Dios glorificado sobre todos en sí mismo y en todos los santos, y siempre tienen esto por fin.
[5] Sé, pues, agradecido en lo poco, y serás digno de recibir cosas mayores.
Ten en muy mucho lo poco, y lo más despreciado por singular don.
Si miras a la dignidad del Dador, ningún don te parecerá pequeño o vil.
Por cierto, no es poco lo que el soberano Dios da. Y aunque diere penas y castigos, se lo debemos agradecer, que siempre es para nuestra salud todo lo que permite que nos venga.
El que desea conservar la gracia de Dios, agradézcale la gracia que le ha dado y sufra con paciencia cuando le fuere quitada; haga oración para que le sea tornada y sea cauto y humilde porque no la pierda.
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