Santos Apóstoles · Kindle

Libro III · Capítulo 7

La imitación de Cristo · Tomás de Kempis

Que se ha de encubrir la gracia bajo el velo de la humildad

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Jesucristo.– [1] Hijo, te es más útil y más seguro encubrir la gracia de la devoción y no ensalzarte ni hablar mucho de ella, ni ponderarla mucho, sino despreciarte a ti mismo y temer, porque se te ha dado sin merecerla.

No es bien estar muy pegado a esta afección, porque se puede mudar presto en otra contraria.

Piensa, cuando estás en gracia, cuán miserable y pobre sueles ser sin ella.

Y no está el aprovechamiento de la vida espiritual sólo en tener gracia de consolación, sino en que con humildad, abnegación y paciencia lleves a bien que se te quite; de suerte que entonces no aflojes en el cuidado de la oración, ni dejes del todo las demás buenas que sueles hacer ordinariamente; mas, como mejor pudieres y entendieres, hagas de buena gana cuanto está en ti, sin que por la sequedad o angustia del espíritu que sientes te descuides del todo.

[2] Porque hay muchos que cuando las cosas no les suceden a su placer, luego se hacen impacientes o desidiosos.

«Porque no está siempre en la mano del hombre su camino» (Jer 10,23), sino que a Dios pertenece el dar y consolar cuando quiere, y cuanto quiere, y a quien quiere, según le agradare, y no más.

Algunos indiscretos se destruyeron a sí mismos por la gracia de la devoción; porque quisieron hacer más de lo que pudieron, no mirando la medida de su pequeñez, y siguiendo más el deseo de su corazón que el juicio de la razón.

Y porque se atrevieron a mayores cosas que Dios quería, por esto perdieron pronto la gracia. Se hallaron pobres, y quedaron viles los que pusieron en el cielo su nido, para que, humillados y empobrecidos, aprendan a no volar con sus alas, sino a esperar debajo de las mías.

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