Santos Apóstoles · Kindle

Libro III · Capítulo 17

La imitación de Cristo · Tomás de Kempis

Que todo nuestro cuidado se ha de poner sólo en Dios

Tramo 1 de 1

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Jesucristo.– [1] Hijo, déjame hacer contigo lo que quiero. Yo sé lo que te conviene.

Tú piensas como hombre y sientes en muchas cosas como te sugiere el afecto humano.

El alma.– Señor, verdad es lo que dices; mayor es la solicitud que tú tienes de mí que todo el cuidado que yo puedo poner en mirar por mí.

Muy a peligro de caer está el que no arroja en ti todo su cuidado.

Señor, esté mi voluntad firme y recta contigo y haz de mí lo que te agradare.

Que no puede ser sino bueno todo lo que tú hicieres de mí.

Si quieres que esté en tinieblas, bendito seas; y si quieres que esté en luz, seas también bendito.

Si te dignares consolarme, bendito seas; y si me quieres atribular, también seas bendito para siempre.

Jesucristo.– [2] Hijo, así debes estar si deseas andar conmigo.

Tan pronto debes estar para padecer como para gozar.

Tan de grado debes ser pobre y menesteroso como abundante y rico.

El alma.– Señor, de buena gana padeceré por ti todo lo que quisieres que venga sobre mí.

Indiferentemente quiero recibir de tu mano lo bueno y lo malo, lo dulce y lo amargo, lo alegre y lo triste; y darte gracias por todo lo que me sucediere.

Guárdame de todo pecado, y no temeré la muerte ni el infierno.

Con tal que no me aparte de ti para siempre, ni me borres del libro de la vida, no me dañara cualquier tribulación que venga sobre mí.

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