Santos Apóstoles · Kindle

Libro III · Capítulo 57

La imitación de Cristo · Tomás de Kempis

Que no debe acobardarse demasiado el que cae en algunas faltas

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Jesucristo.– [1] Hijo, más me agradan la humildad y paciencia en la adversidad que el mucho consuelo y devoción en la prosperidad.

¿Por qué te entristece una pequeña cosa dicha contra ti?

Aunque más fuera, no debieras inquietarte.

Mas ahora déjala pasar, porque no es la primera, ni nueva, ni será la última si mucho vivieres.

Harto esforzado eres cuando ninguna cosa contraria te viene.

Aconsejas bien y sabes alentar a otros con palabras; pero cuando viene a tu puerta alguna repentina tribulación, luego te falta consejo y esfuerzo.

Mira tu gran fragilidad, que experimentas a cada paso en pequeñas ocasiones; mas todo este mal que te sucede es para tu aprovechamiento.

[2] Apártalo como mejor supieres de tu corazón, y si llegó a tocarte, no permitas que te abata ni te enrede mucho tiempo.

Sufre a lo menos con paciencia, si no puedes con alegría.

Y si oyes algo contra tu gusto y te sientes irritado, refrénate y no dejes salir de tu boca alguna palabra desordenada que pueda escandalizar a los débiles.

Presto se aquietará el ímpetu excitado en tu corazón, y el dolor interior se dulcificará con la vuelta de la gracia.

Aún vivo yo —dice el Señor—, dispuesto para ayudarte y para consolarte más de lo acostumbrado, si confías en mí y me llamas con devoción.

[3] Ten buen ánimo y apercíbete para trances mayores.

Aunque te veas muchas veces atribulado, o gravemente tentado, no por eso está ya todo perdido. Hombre eres y no dios; carne y no ángel.

¿Cómo podrás tú estar siempre en un mismo estado de virtud, cuando le faltó al ángel en el cielo y al primer hombre en el paraíso?

Yo soy el que levanta con entera salud a los que lloran, y traigo a mi divinidad los que conocen su flaqueza.

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