Santos Apóstoles · Kindle

Libro IV · Capítulo 15

La imitación de Cristo · Tomás de Kempis

Que la gracia de la devoción se alcanza con la humildad y abnegación de sí mismo

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Jesucristo.– [1] Debes buscar con diligencia la gracia de la devoción, pedirla con insistencia, esperarla con paciencia y confianza, recibirla con gratitud, guardarla con humildad, obrar solícitamente con ella y dejar a Dios el tiempo y el modo de la soberana visita hasta que venga.

Te debes humillar en especial cuando sientes interiormente poca o ninguna devoción; mas no te abatas demasiado ni te entristezcas desordenadamente.

Dios da muchas veces en un instante lo que negó largo tiempo.

También da algunas veces al fin de la oración lo que dilató desde el principio.

[2] Si siempre se nos diese la gracia sin dilación y a medida de nuestro deseo, no podría abrazarla bien el hombre flaco.

Por eso la debes esperar con segura confianza y humilde paciencia; y cuando no te es concedida, o te fuere quitada secretamente, echa la culpa a ti mismo y a tus pecados.

Algunas veces es bien pequeña cosa la que impide y esconde la gracia, si es que se debe llamar poco, y no mucho, lo que tanto bien estorba. Mas si aquello poco o mucho apartares y perfectamente vencieres, tendrás lo que suplicaste.

[3] Porque luego que te entregares a Dios de todo corazón, y no buscares cosa alguna por tu propio gusto o querer, sino que del todo te pusieres en sus manos, te hallarás recogido y sosegado; porque nada te agradará ni te sabrá tan bien como el beneplácito de la divina voluntad.

Cualquiera, pues, que levantare su intención a Dios con sencillo corazón, y se despojare de todo amor u odio desordenado a cualquier cosa creada, estará muy bien dispuesto para recibir la divina gracia, y se hará digno del don de la devoción.

Porque el Señor echa su bendición donde halla los vasos vacíos.

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