Santos Apóstoles · Kindle

Parte 1 · Capítulo 7

Introducción a la vida devota · San Francisco de Sales

DE LA SEGUNDA PURIFICACIÓN, QUE ES LA DEL AFECTO AL PECADO

Tramo 2 de 2

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¿quién no ve que este Pobre hombre, si bien está libre del pecado, continúa encadenado por el afecto al mismo, y que, hallándose fuera de Egipto, con el cuerpo, está todavía allí, con el deseo, y suspira por los ajos y las cebollas que allí solía comer? Tal hace también la mujer que habiendo detestado sus perversos amores, gusta todavía de ser festejada y cortejada.

¡Ah! ¡Qué peligro más grande no corren estas personas! ¡Oh Filotea! puesto que quieres emprender la vida devota, es necesario no sólo que dejes el pecado, sino que purifíquese enteramente tu corazón de todos los afectos que de él dimanan, porque, aparte del peligro de reincidir, estas desdichadas aficiones debilitarían continuamente tu espíritu y lo gravarían de tal suerte, que no podría hacer las buenas obras con aquella prontitud, celo y frecuencia que constituyen la esencia de la devoción. Las almas que, habiendo salido del pecado, tienen todavía estos afectos y estas debilidades, se parecen, a mi modo de ver, a las doncellas de pálido color, cuyas acciones sin estar ellas enfermas son todas enfermizas; comen sin gusto, duermen sin reposo, ríen sin gozo, y andan a rastras, en vez de caminar.

De la misma manera hacen estas almas el bien, con una dejadez espiritual tan grande, que quita toda la gracia a sus buenos ejercicios, que son pocos en número y de muy reducida eficacia.

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