Parte 2 · Capítulo 1
Introducción a la vida devota · San Francisco de Sales
DE LA NECESIDAD DE LA ORACIÓN
Tramo 1 de 4
1. La oración al llevar nuestro entendimiento hacia las claridades de la luz divina y al inflamar nuestra voluntad en el fuego del amor celestial, purifica nuestro entendimiento de sus ignorancias, y nuestra voluntad de sus depravados afectos; es el agua de bendición que, con su riego, hace reverdecer y florecer las plantas de nuestros buenos deseos, lava nuestras almas de sus imperfecciones y apaga en nuestros corazones la sed de las pasiones.
2. Pero, de un modo particular, te aconsejo la oración mental afectuosa, especialmente la que versa sobre la vida y pasión de Nuestro Señor. Contemplándole con frecuencia, en la meditación, toda tu alma se llenará de Él; aprenderás su manera de conducirse, y tus acciones se conformarán con el modelo de las suyas. Él es la luz del mundo; es, pues, en Él, por Él y para Él que hemos de ser ilustrados e iluminados; es el árbol del deseo, a cuya sombra nos hemos de rehacer; es la fuente viva de Jacob, donde nos hemos de purificar de todas nuestras fealdades. Finalmente, los niños, a fuerza de escuchar a sus madres y de balbucir con ellas, aprenden a hablar su lenguaje; así nosotros, permaneciendo cerca del Salvador, por la meditación, y observando sus palabras, sus actos y sus afectos, aprenderemos, con su gracia, a hablar, obrar y a querer como Él.
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