Parte 2 · Capítulo 1
Introducción a la vida devota · San Francisco de Sales
DE LA NECESIDAD DE LA ORACIÓN
Tramo 2 de 4
Conviene que nos detengamos aquí Filotea, y, créeme, no podemos ir a Dios Padre sino por esta puerta. Pues así como el cristal de un espejo no podría detener nuestra imagen si no tuviese detrás de sí una capa de estaño o de plomo, de la misma manera, la Divinidad no podría ser bien contemplada por nosotros, en este mundo, si no se hubiese unido a la sagrada Humanidad del Salvador, cuya vida y muerte son el objeto más proporcionado, apetecible, delicioso y provechoso, que podemos escoger para nuestras meditaciones ordinarias. No en vano es llamado, el Salvador, pan bajado del cielo; porque, así como el pan se ha de comer con toda clase de manjares, de la misma manera el Salvador ha de ser meditado, considerado y buscado en todas nuestras acciones y oraciones. Muchos autores, para facilitar la meditación, han distribuido su vida y su muerte en diversos puntos: los que te aconsejo de un modo particular son San Buenaventura, Bellintani, Bruno, Capilia, Granada y La Puente.
3. Emplea, en la oración, una hora cada día, antes de comer; pero, si es posible, mejor será hacerlas a primeras horas de la mañana, porque, con el descanso de la noche, tendrás el espíritu menos fatigado y más expedito. No emplees más de una hora, si el padre espiritual no te dice expresamente otra cosa.
4. Si puedes practicar este ejercicio en la iglesia, y tienes allí bastante quietud para ello, te será cosa fácil y cómoda, porque nadie, ni el padre, ni la madre, ni el esposo, ni la esposa, ni cualquier otro, podrán impedirte que estés una hora en la iglesia; en cambio, estando a merced de otros, no podrás, en tu casa, tener una hora tan libre.
Último tramo abierto guardado si su navegador acepta cookies. También puede guardar esta página en favoritos.