Parte 2 · Capítulo 12
Introducción a la vida devota · San Francisco de Sales
EL RETIRO ESPIRITUAL
Tramo 1 de 3
En este punto, amada Filotea, es donde deseo que sigas mi consejo; porque es aquí donde se encuentra uno de los recursos más seguros para tu aprovechamiento espiritual.
Pon, cuantas veces puedas, durante el día, tu espíritu en la presencia de Dios, por alguna de las cuatro maneras más arriba indicadas; considera lo que hace Dios y lo que haces tú, y verás cómo sus ojos te miran y están perpetuamente fijos en ti, con un amor incomparable. i Oh Dios!, dirás, ¿por qué no te miro yo siempre como Tú me miras a mí? ¿Por qué piensas en mí con tanta frecuencia, y yo pienso tan poco en Ti? ¿ Dónde estamos, alma mía?
Nuestra verdadera morada es Dios, y ¿dónde nos encontramos?
Así como los pájaros tienen sus nidos en los árboles, para retirarse a ellos cuando tienen necesidad, y los ciervos sus escondrijos y sus defensas, donde se ocultan y se amparan y donde toman el fresco de la sombra en el verano, de la misma manera, Filotea, nuestros corazones han de escoger, cada día, algún lugar, en la cima del Calvario, en las llagas de Nuestro Señor o en cualquiera otro sitio cercano a Él, donde guarecernos en toda clase de ocasiones, donde rehacernos y recrearnos en medio de las ocupaciones exteriores, y para estar allí, como en una fortaleza, para defendernos contra las tentaciones. Bienaventurada el alma que podrá decir con verdad al Señor: «Tú eres mi casa de refugio, mi firme defensa, mi techo contra la lluvia, mi sombra contra el calor».
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