Santos Apóstoles · Kindle

Parte 2 · Capítulo 13

Introducción a la vida devota · San Francisco de Sales

DE LAS ASPIRACIONES, ORACIONES, JACULATORIAS Y BUENOS PENSAMIENTOS

Tramo 4 de 6

Letra pequeñaMedianaGrande

Se dice que San Anselmo, arzobispo de Canterbery, cuyo nacimiento ha honrado en gran manera a nuestras montañas, era admirable en esta práctica de los buenos pensamientos.

Una liebre acosada por los perros corrió a refugiarse bajo el caballo de este santo prelado, que entonces iba de viaje, como a un refugio que le sugirió el inminente peligro de muerte; y los perros, ladrando alrededor, no se atrevían a violar la inmunidad del lugar, donde su presa se había refugiado; espectáculo verdaderamente extraordinario, que causaba risa a toda la comitiva, mientras el gran Anselmo, llorando y gimiendo, decía: « i Ah!, vosotros reís, pero el pobre animal no ríe; los enemigos del alma, perseguida y extraviada por los senderos tortuosos de toda clase de vicios, la acechaban en el trance de la muerte, para arrebatarla y devorarla, y ella, llena de miedo, busca por todas partes auxilio y refugio, y, si no lo encuentra, sus enemigos se burlan y se ríen». Y, dicho esto, se alejó suspirando.

Constantino el Grande honró a San Antonio, escribiéndole, cosa que dejó admirados a los religiosos que estaban a su alrededor, a los cuales dijo: « ¿ Por qué os admiráis de que un rey escriba a un hombre? Admirad más bien que el Dios eterno haya escrito su ley a los mortales, y más aún que les haya hablado de tú a tú, en la persona de su Hijo».

San Francisco al ver a una oveja sola, en medio de un rebaño de cabras: «Mira -dijo a su compañero-, qué mansa está esta ovejita entre todas las cabras: También Nuestro Señor andaba manso y humilde entre los fariseos». Y, al ver, en otra, ocasión, a un corderito devorado por un cerdo: « i Ah, corderito-exclamó-, cómo me recuerdas al vivo la muerte de mi Salvador!»

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