Parte 2 · Capítulo 20
Introducción a la vida devota · San Francisco de Sales
DE LA COMUNIÓN FRECUENTE
Tramo 1 de 4
Se cuenta de Mitrídates, rey del Ponto, que, habiendo inventado el «mitrídato», de tal manera reforzó con él su cuerpo, que como hubiese intentado más tarde suicidarse, para no caer en la servidumbre de los romanos, nunca pudo lograrlo. El Salvador ha instituido el augustísimo sacramento de la Eucaristía, que contiene realmente su carne y su sangre, para que quien le coma viva eternamente; por esta causa, el que usa de él con frecuencia y con devoción, de tal manera robustece la salud y la vida de su alma, que es casi imposible que sea envenenado por ninguna clase de malos efectos. Es imposible alimentarse de esta carne y vivir con afectos de muerte. Porque, así como los hombres del paraíso terrenal podían no morir, por la fuerza de aquel fruto de vida que Dios había puesto allí, de la misma manera pueden no morir espiritualmente, por la virtud de este sacramento de vida. Si los frutos más tiernos y más sujetos a la corrupción, como las cerezas, los albaricoques y las fresas, fácilmente se conservan todo el año confitados con azúcar y con miel, no es de maravillar que nuestros corazones, aunque flacos y miserables, sean preservados de la corrupción del pecado, cuando están azucarados y dulcificados con la carne y la sangre del Rijo de Dios.
¡Oh Filotea! los cristianos que serán condenados no sabrán qué responder, cuando el imparcial Juez les haga ver que, por su culpa, han muerto espiritualmente, siendo así que era una cosa muy sencilla conservar IP vida y la salud, con sólo comer su Cuerpo, que Él les había dado con este fin: «Miserables -les dirá-, ¿por qué habéis muerto, habiéndoos mandado comer del fruto y del manjar de vida?»
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